Centro Cultural de los Ejércitos

Origen

Historia de una Asociación

Capitan general marques del Duero

Ateneo Militar

Las turbulencias políticas y sociales por las que atravesaba España en el último tercio del siglo XIX, agravadas por los conflictos armados internos y ultramarinos, habían provocado en las clases militares una situación de desconcierto y desunión. Estas circunstancias a las que se sumaba el afán legitimo de lograr un perfeccionamiento profesional que se advertía y envidiaba en los ejércitos de otros países, dio lugar a que adquiriese cuerpo la necesidad de conseguir un rearme moral, una unión del conjunto de las fuerzas armadas en base a las razones fundamentales que justifican su existencia, fomentando el compañerismo entre sus miembros. Y, a la vez, conseguir actualizar y profundizar en las materias técnicas cuyo conocimiento es propio de los ejércitos.

Estas ideas, reflejadas en un artículo publicado el 26 de marzo de 1.871 en la revista “El Correo Militar” por el capitán de Infantería López Garrafa (posteriormente Subsecretario de Estado) impulsó a que, el 23 de abril, se reunieron un gran número de Generales, jefes y oficiales del Ejército y de la Armada. Y en esta reunión, tras la lectura del citado artículo, se formó una mesa de edad y se designó una comisión encargada de redactar el reglamento de un Ateneo del Ejército y de la Armada mediante el que pudieran lograrse los objetivos de unión y progreso intelectual pretendidos por los fundadores.

El 1 de mayo siguiente se dio lectura al Estatuto y Reglamento del Ateneo Militar. Y el día 14 fue elegida la Junta Directiva, presidida por el Capitán General Marqués del Duero. La sesión inaugural se celebró el 6 de julio con gran solemnidad y la asistencia de representantes del Cuerpo Diplomático, de las Academias, del Ateneo y gran número de jefes y oficiales del Ejército y la Armada.

La oficialidad residente en Madrid se inscribió, casi al completo, en el nuevo Ateneo, recibiéndose adhesiones múltiples de quienes se hallaban destinados fuera de la capital. Y el propio Presidente de la República, Estanislao Figueras, envió una carta de felicitación a la Junta Directiva, en la que ofrecía “contribuir a la próspera vida de la Sociedad Científico-militar con cuantos medios estuvieran a su alcance” por entender que “está llamada a ejercer y de hecho ya ejerce una magnifica influencia en el progreso de las instituciones militares”. La Junta del Ateneo contestó, agradeciendo su contenido, pero haciendo presente el carácter de independencia y libre asociación del Ateneo, para evitar el peligro de una opinión partidista alejada del propósito intelectual y corporativo que motivó su fundación.

Esta conducta de asepsia política se ha procurado mantener en el Centro durante los 145 años transcurridos desde su creación.

Nombre del Centro y primer domicilio

Las situaciones conflictivas que padecía España, en el interior a causa del alzamiento carlista y en ultramar, por el conflicto cubano, dispersaron a los componentes del Ateneo Militar, en su mayor parte destinados en distintas campañas, dejando en cuadro el Ateneo que quedó prácticamente disuelto. Pero tres años después, terminada la guerra carlista y apuntalada temporalmente la situación cubana, muchos de ellos regresaron a sus guarniciones y las ideas que dieron lugar a la creación del Ateneo resurgieron. Y así, con motivo de un banquete organizado el 12 de junio de 1.881 en honor de D. Arturo Zancada, director de “La Ilustración Militar”, resurgió la idea de fundar un centro donde los militares y marinos pudieran reunirse y comunicarse. En el mismo acto, como en la ocasión anterior, se nombró una comisión para poner en marcha el proyecto. El 26 de junio se constituyó una Junta encargada de organizar el nuevo centro presidida por D. Arturo Zancada y como Vicepresidentes el Capitán de Navio Cesáreo Fernández Duro, el Capitán de Infantería Federico de Madariaga y el Capitán de Ingenieros Federico Lornig, Se acordó que los trabajos fundacionales se encaminaron a establecer la concordia y unión entre todos los miembros de los ejércitos de mar y tierra. El 3 de julio se establecieron las bases reglamentarias de la nueva sociedad a la que, en principio, se dio el nombre de “Círculo de Ilustración y Recreo del Ejército y de la Armada”, que derivó más tarde al de “Centro del Ejército y de la Armada”. Las adhesiones fueron, como en la ocasión anterior, numerosísimas. Como deferencia al Estado Mayor General senombró Presidente al Brigadier D. Pascual Sanz Pastor.

Traslados de sede

La vitalidad y generosidad de los socios del Centro en aquella época la confirma otro hecho de notable significación: en agosto de 1.885 un barco alemán, atropellando las leyes internacionales, asaltó las españolas Islas Carolinas. Esto provocó una manifestación popular de protesta que se concentró ante el local del Centro, exponiendo su indignación y vitoreando a las fuerzas armadas. A falta de reacción por el Gobierno y dada la postración económica y social en que la Nación se hallaba, el Centro inició una suscripción el 1 de septiembre para regalar a la Armada un torpedero que fue bautizado con el nombre de “Ejército”. Se llegó a recaudar 196.247 pesetas. En la cuestación contribuyeron 240 generales, 2.208 jefes y 8.936 capitanes y oficiales subalternos. 

 

Torpedera "Ejército"

Torpedera “Ejército” en la ría del Ferrol

 El aumento de la masa social del Centro obligó, poco tiempo después, a trasladarse a otra casa, en la calle de San Jorge, hasta encontrar un domicilio más adecuado en la del Principe, donde se instaló el 12 de julio de 1.882. S. M. Alfonso XII asistió a la inauguración de la nueva casa, estampando su firma en el libro de honor del Centro. La instalación supuso un gasto importante, calculado en 30.000 pesetas, que se cubrió mediante un empréstito de 2.000 acciones de 25 pesetas suscrito por los socios por el doble de su importe. Pero, además, se recibieron distintos apoyos: el Ministro de Marina contribuyó con 5.000 pesetas; las direcciones de las Armas, Guardia Civil y Carabineros suscribieron 100 acciones y el secretario de la Junta Directiva, Teniente General Luque, 50 acciones. A su vez, S.M. D. Alfonso XII contribuyó con 15.000 pesetas.

Nuevo traslado

Presidía el Centro el General Salamanca, que propuso a la Junta trasladar el domicilio social a otro local más espacioso y digno: el Palacio de Montijo, en la Plaza de Santa Ana, que era propiedad del Duque de Alba. Este palacio había sido testigo de alguno de los hechos más importantes de nuestra historia contemporánea y centro de alta dirección de la política. Posteriormente, se convirtió en lugar de reunión de poetas, literatos y artistas. Aceptada por la Junta la propuesta de alquiler, que importaba 36.000.- pesetas anuales, se realizó el traslado, efectuando previamente una serie de obras de restauración y adecuación que no desmerecieran de su magnificencia.

La inauguración del nuevo local se efectuó el 2 de marzo de 1.886. Se inició con un breve discurso del General Salamanca, tomando después la palabra tres personajes de la época: Francisco Silvela, Segismundo Moret y Emilio Castelar, que exaltaron la grandeza de los Ejércitos y el espiritu de los hombres que los integran.

Los elevados gastos producidos por el traslado ocasionaron una crisis económica en el Centro que amenazo la vida de la sociedad. En esa coyuntura hubo de hacerse cargo de la Presidencia el General de Ingenieros y prestigioso geógrafo D. Ángel Rodríguez de Quijano y Arroquia. Había fracasado la petición de una subvención oficial y en la caja del Centro sólo quedaban dos pesetas falsas y ochenta céntimos. Salvó la situación el General Arroquia, poniendo su fortuna personal a disposición del Centro, lo que permitió cumplir los compromisos existentes y resucitar su esplendor social.

 

Centro Militar. Antiguo palacio de Montijo y de Teba (1910)

 

En ese periodo el Centro se fusionó con el Círculo de Reservistas y Retirados. Ciertos sucesos ocurridos en el Círculo, que presidía el General Segura, motivados por la guerra hispanoamericana, dieron lugar a una Real Orden de 9 de abril de 1.900 disponiendo que los centros militares quedaran sujetos a la jurisdicción de los Capitanes Generales y Comandantes Generales de Marina. Esta orden, opuesta al carácter civil del centro que había sido constituido al amparo de la ley de Asociaciones, provocó una enérgica protesta por parte de algunos socios distinguidos, proponiendo a la Junta la disolución, antes de aceptar la cancelación de sus derechos. Para tranquilizar los ánimos y conciliar legalmente la decisión del Gobierno se llevó a cabo una modificación del Reglamento. Fue esta una de las épocas más difíciles en la vida del Centro.

Cese de actividades del Centro

Primo de Rivera dimite el 28 de enero de 1.930 y el Rey encarga formar gobierno al General Berenguer. Parte de las fuerzas armadas se muestra favorable a la República que, aunque de forma irregular, se proclama el 14 de abril de 1.931. La masa social del Centro está dividida políticamente, como lo demuestra en voto de censura a la Junta firmado por 102 socios, reprochándole su falta de empatía con la realidad bistórica. Ello provoca la dimisión de la Junta, de la que se hace cargo el General García del Moral.

Manuel Azaña, Ministro de la Guerra, elige al Centro para celebrar una cena con motivo de la clausura del curso de capitanes.

Se trata de aproximarlos al régimen republicano, utilizando a miembros del Ejército de esa tendencia. Presidía el Centro el General Romerales, impuesto por el Gobierno, al igual que su sucesor, el General Malumbres, que fue designado oficialmente, sin intervención de la Junta. Las palabras de Azaña, unidas a la supresión de las revistas militares que se venían publicando, dejan clara su intención de utilizar al Centro como representante ante la sociedad de la opinión sustentada por los ejércitos.

Las conferencias que se celebran se aparta de cuestiones militares o políticas, excepto si son favorables al Gobierno de la República. En la sesión de la Junta de 23 de marzo de 1.936 se nombra, por oficio de la Primera División Orgánica, Presidente del Centro al Coronel González Celaya. Es el último designado antes de la Guerra Civil, que supuso la paralización del Centro como tal. La última reunión de la Junta Rectora tuvo lugar el 25 de junio de 1.936 y está recogida en el acta n° 63.

Durante la guerra civil el Centro, ocupado por las milicias del Frente Popular, pasó a llamarse en la prensa “Círculo Militar Antifascista”. Se formó una comisión de responsables de la que formaban parte algunos empleados y se instalaron varios servicios. Uno de ellos se dedicaba a la compensación de vales por suministros entregados a las milicias. También se utilizó, según testimonio obtenido de antiguos empleados, como centro sanitario de análisis clínicos dependientes del Socorro Rojo Internacional.

Banquete en el Casino Militar de Madrid el día 29 de junio de 1935, con invitados ilustres. De izquierda a derecha, sentados, el ministro de Marina, Royo Villanova, el jefe del Gobierno Lerroux y los generales Franco, Burguete y Fanjul
Banquete en el Casino Militar de Madrid el día 29 de junio de 1935, con invitados ilustres.
De izquierda a derecha, sentados, el ministro de Marina, Royo Villanova, el jefe del Gobierno Lerroux y los generales Franco, Burguete y Fanjul

Reanudación de actividades

La primera reunión, después de la entrada en Madrid de las tropas de Franco, tuvo lugar el 28 de marzo de 1.939 y figura en el libro de actas con el número 65. Fue presidida por el General Auditor D. Manuel Antolin, actuando como Secretario General el comandante de Artillería D. Jose Molas Garcia. En el acta se acuerda la incautación provisional del Centro, de la que se da cuenta a la Autoridad Militar de la Plaza.

Provisionalmente se instalaron en el Centro unos comedores de Auxilio Social que funcionaron durante tres meses. El Centro se abrió nuevamente a los socios, sin perjuicio de ceder temporalmente algunas instalaciones para despachos de la Delegación de Sanidad y un sindicato de la Falange. Así figura en el libro de actas correspondiente a la reunión celebrada el 24 de abril de 1.939.

La recuperación social del Centro se inició inmediata e ilusionadamente, reanudando sus actividades culturales. La situación económicaera comprometida, por la necesidad de reparar gran número de deterioros producidos durante los tres años de ocupación. Pudo obtenerse una ayuda de 225.000 pesetas concedidas por el ministro del Ejército, General Varela y ello permitió afrontar necesidades ineludibles y restablecer la continuidad de las actividades del Centro.

Cambio de nombre

En agosto de 1.939 se creó el Ministerio del Aire. Por tal motivo, se tramita y obtiene el último cambio de nombre del Centro que, pasa a llamarse, a partir de enero de 1.943, “Centro Cultural de los Ejércitos”. La presidencia del Centro se atribuye al Gobernador Militar de Madrid. Con su apoyo se lleva a cabo una serie de obras de mejoras del edificio social. Después del General Moreno Calderón, volvió a designarse la presidencia por los socios, con la salvedad de someter el nombramiento a la consideración del Capitán General de la Región.

Durante los años siguientes, basta la transición política en 1.975 la vida del Centro continúa normalmente, manteniendo sus actividades culturales y deportivas.

Los sucesos políticos y sociales que en los años previos y posteriores a la transición política tuvieron lugar eran, naturalmente, comentados en las tertulias del Centro, si bien la opinión general de los socios era coincidente al respecto. Los acontecimientos que tuvieron mayor impacto fueron los que afectaban más directamente al colectivo de las Fuerzas Armadas. La actividad criminal de la organización terrorista ETA, el secuestro por el GRAPO del General Villaescusa y el del Presidente del Congreso de Estado, y los asesinatos de militares, policías y guardia civiles, unidos a la escalada nacionalista, incomprensiblemente tolerada, eran lógicamente objeto de la indignada opinión de los socios. Alguna reunión, particularmente convocada, tuvo lugar en el Centro, pero sin que ello supusiera problema alguno ni para el Gobierno ni para los asistentes.

La Ley de Asociaciones 1 / 2.002, de 22 de marzo, reguladora de las entidades sociales sin finalidad lucrativa, obligó al Centro a adaptar a sus preceptos las normas estatutarias y legales por las que se venía rigiendo.

Actualmente, nuestro Centro, sin apoyo económico alguno, ha conseguido mantener, con toda dignidad, los objetivos que, hace 145 años, motivaron su creación por un ilusionado grupo de compañeros que soñaron en unos ejércitos más bermanados, más capacitados grupo de compañeros que profesionalmente y más abiertos e integrados en la sociedad española, de la que forman parte y cuya defensa constituye el fundamento de su existencia.

Cien años en la Gran vía

La Gran Vía de Madrid, en la que nuestro edificio social se encuentra, es el resultado de una de las más importantes intervenciones urbanísticas levadas a cabo en la capital de España. La idea de su proyecto se inicio a mediados del siglo XIX, con la intención de abrir una via que enlazara el suroeste y el centro de Madrid, La parte de Madrid llamada a desaparecer se observa por el trazado a partir de la calle de Alcalá enmarcado en una línea blanca.

Después de dos proyectos que no llegaron a ejecutarse, fundamentalmente por falta de medios, en 1.897 se confía un nuevo encargo a los arquitectos municipales López Sallaberry y Octavio Palacios, y su proyecto fue aprobado el 2 de julio de 1.901. El propósito fundamental era enlazar directamente los barrios de Argúelles y Salamanca, descongestionando la Puerta del Sol, haciendo más fácil el anexo entre as estaciones de ferrocarril de Atocha y Principe Pío y eliminando también un cúmulo de callejuelas estrechas y antihigiénicas existentes en la zona a ocupar.

 

Centenario del Centro Cultural de los Ejercitos en la Gran Via

 

Los trabajos de construcción de la nueva vía se iniciaron el 4 de abril de 1,910, siendo Alcalde de Madrid D. José Francos Rodriguez, “El proyecto implicaba la demolición de 312 casas incluidas en 358 fincas y 48 calles, Las obras se iniciaron con un golpe de piqueta simbólico por 8.M. Alfonso XIII en el primer edificio a derribar: la llamada “casa del cura”, aneja a la iglesia de San José.

La demolición del caserío incluía varias iglesias y la construcción de 32 nuevas manzanas. Fue necesario desenlosar 8.856 metros de aceras, deshacer 26365 metros cuadrados de empedrado y adoquinado y se quitaron 14335 metros de cañerías de agua y de gas, y 274 farolas.

La construcción de la nueva vía se levó a cabo en tres etapas: la primera, entre las calles de Alcalá y Montera, corresponde a la de construcción de nuestro edificio social y se realizó entre los años 1915 y 1925. Este primer tramo obligó a la demolición de varios edificios importantes, entre ellos, el Colegio de Nuestra Señora de la Presentación, el Palacio Masserano, el de la duquesa de Sevillano y la casa llamada por su estrechez “casa del ataúd”, situada en el arranque de la nueva vía, donde está actualmente e edificio “Metrópolis”, en la esquina de Alcalá. De las seis manzanas demolidas en esta primera fase sobrevivió sólo el Oratorio de Caballero de Gracia.

El segundo tramo de la nueva vía, denominado en el proyecto “El bulevar”, continuaba entre la Red de San Luis y Callao, se realizó en los diez años siguientes y se denominó “Avenida de Pi y Margal”. Pero ya, en 1921, se observó que el arbolado del proyectado bulevar dificultaba el tráfico rodado, por lo que se decidía suprimirlo. En este segundo tramo se construyeron doce nuevas manzanas.

El tercer tramo de la Gran Vía alteró acertadamente el proyecto inicial a fio de empalar con la calle de la Princesa y se construyó entre la Plaza de Callao y el lado porte de la Plaza de España. Comenzaron las obras el 16 de febrero de 1.925 y se dieron por terminados el 23 de septiembre de 1932, aunque algunos edificios no se concluyeron hasta después de 1940.

La mayoría de los edificios de la Gran Vía han sufrido modificaciones. Aparte de la demolición del segundo tramo, casi a raíz de su construcción en 1.921, en 1.972 se desmontó el templete de entrada con ascensor a la boca de metro de la Red de San Luis. El año 2.002 se reformó la calzada y las aceras. Y en 2.009 se eliminó la fuente de Homero Palacios que había sustituido al templete y se peatonalizó la calle de la Montera.

La Gran Vía ha sido nominada oficialmente de modo muy diverso. Al principio de su construcción el primer tramo, al que pertenece nuestro Centro, se llamó “Conde de Peñalver”; El segundo tramo, “Avenida de Pí y MargaT”; y el tercero, calle de “Eduardo Dato”. En 1.936, tres meses antes del comienzo de la Guerra Civil, los dos primeros tramos pasaron a llamarse “Avenida de la C.M.T.” Durante la guerra se les dio el nombre de “Avenida de Rusia” hasta noviembre de 1.937 en que se cambió este nombre por el de “Avenida de la Unión Soviética”. Al finalizar la Guerra Civil, desde el 24 de abril de 1939, la calle pasó a llamarse “Avenida de José Antonio”. Y en 1981, siendo alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván, el Ayuntamiento cambio el nombre de veintisiete calles, entre ellas el de la Avenida de José Antonio, que pasó a adoptar oficialmente el nombre con el que popularmente se le conoce desde su construcción: “Gran Vía”.

Centenario del Centro Cultural de los Ejércitos 1916-2016

centenario centro cultural de los ejércitos

Recepción de S. M. el Rey a la Junta Rectora del Centro Cultural de los Ejércitos con motivo de cumplirse el CENTENARIO de la inauguración de su sede social.

libro de honor

Efemérides

1871. Se crea el Ateneo Militar, origen del Centro. Posteriormente paso a denominarse Centro del Ejercito y de la Armada.

1910. Se inicia la construcción de la Gran Via, decidiendo los socios comprar una parcela para la construcción de un edificio para el Centro.

1914. Comienzan las obras de construcción del centro.

1916. SM. Alfonso XIII inaugura la nueva sede.

1936. El edificio es ocupado por las Milicias del Frente Popular, denominándose Circulo Militar Antifascistas.

1943. Habiéndose creado el Ejército del Aire, el Centro pasa a denominarse Centro Cultural de los Ejércitos.

2002. La Ley de Asociaciones obliga a adaptar los Estatutos como Asociación Cultural sin ánimo de lucro.

2016. Con motivo del Centenario SM. El Rey Felipe VI recibió en audiencia a la Junta Rectora

Desde su fundación y sin ningún tipo de subvención viene realizando las labores para las que se constituyó.